lunes, 3 de marzo de 2014

O conmigo, o contra mí.


La entrega de hoy va de un clásico quizás muy manido por estos lares, pero que ha vuelto a retumbar con fuerza estos días. España y sus dirigentes, mediáticos, eléctricos, políticos, es un país, o conjunto de identidades para que nadie se ofenda, en el que la envidia, sin duda es el defecto más grave. La envidia,  parafraseando al gran maestro Yoda, es lo que nos lleva al "lado oscuro". Queremos mandar más, tener más, ganar más y preferimos que el de al lado no tenga, no vaya a ser que cuando tiene, me esté quitando de lo mío o me lo restriegue por la cara. Los grandes se lo quieren llevar todo, y cuanto más tienen, más quieren. Mayoría absoluta, mayor número de clientes, mayor número de seguidores, mayor poder, más dinero. Hay varias cosas que explican este contexto.

La primera, empezó con la expulsión de Cristiano Ronaldo en San Mamés (otra vez fútbol, "qué pesao") y el hecho que conllevó, meter en la "nevera" (dejar de arbitrar hasta nueva orden) al árbitro del partido. Y todo porque según los mal llamados periodistas, convertidos a faranduleros por la televisión deportiva, -que actualmente parece más un Sálvame Deluxe que un programa deportivo-, presionaron de tal manera, que la correcta o no según se mire, decisión del juez del partido se convirtió casi en cuestión de Estado. Para la prensa madridista o barcelonista, no solo no les vale con tener a los mejores jugadores del mundo, también hay que dejarles jugar -sus continuas faltas y reproches a los árbitros no son merecedoras de sanción y las de los demás sí-, y a ser posible también, hay que dejarles ganar. Reciben todo el dinero de las televisiones, dirigen los sorteos para que siempre lleguen a la final los mismos, alteran el calendario para que no les coincidan los partidos o tengan días de descanso y ni con todo eso están contentos. Son capaces de mandar a un árbitro a su casa, que no les vuelva a pitar, e incluso que el año siguiente no pueda pitar en primera división. Se cargan la vida económica de un señor y la de su familia por un posible error que bien podría subsanarse con la ayuda de la tecnología o mejor, con el buen hacer de los propios futbolistas, los primeros tramposos del circo. Yo me imagino al hijo del árbitro yendo al colegio y a sus compañeros llamándole de todo porque su padre traicionó al Madrid y casi casi a España entera.

El otro lío ha sido lo de la compra de Whatsapp por Facebook. Pagar esos dinerales por absorber una empresa es algo de lo que os venía hablando en el primer párrafo. Tener yo más para que tú no tengas. Después, resulta que durante el fin de semana se cae y mantienen en vilo a una gran parte del planeta, a los esclavos. Sí amigos y amigas, esclavos. Lo de la libertad ha vuelto a ser cosa de pobres. Se mueren de hambre, de frío o por enfermedades, bueno les matamos nosotros, los del mundo libre del iPhone, el Wi-Fi y la Play 4. Y nos da lo mismo, es mejor tener cobertura que dar un euro a los niñitos africanos.

Después está lo de los mediadores del proceso de paz. Sí, que vienen a ayudar, y se gastan un dineral en hoteles y la rediós, pero bueno, ellos como venían a Bilbao y no era plan de parecer pobres…, pues eso, a lo grande. Bromas aparte, los de "la ETA" como todavía se les llama, parece que no quieren dar el paso definitivo, y los otros, los políticos interesados en no acercar presos y en que la brasa no se apague, siguen sin querer reconocer que algún paso ya han dado, es decir, o conmigo, o contra mí. Vencedores y vencidos. Lo que tiene este país desde hace bastantes años. Una casta política y económica que permitimos porque con fútbol y Whatsapp nos tienen engañados.


Y por último, reiteramos sobre el caso de la infanta y sus prolongaciones, es decir, de todos los estafadores del aura económica y política que siguen protegiéndose unos a otros para mantener sus status. Y lo peor, parte de la prensa les apoya y gran parte del electorado también. Alguno se preguntan cómo puede ser que una minoría gobierne un país. Fácil. Con una ley electoral lamentable. Vota un 50% aproximado de la población y de ese 50, la mitad votan a uno u a otro (ya sabéis quienes son) pero eso sí, a la hora de quejarse, todos pueden, también el 50% que no va a las urnas. Y con razón. A ellos les impusieron un rey, les impusieron una constitución y les impusieron un sistema capitalista sin derecho a cambio. Pues igual de fácil que eso, es lo de una mujer con estudios y con el puesto que tenía en La Caixa, no se diera cuenta de los papeles que firmaba y de los dineros que manejaba. Te lo comes con patatas, alavesas si es posible. Todos se van de rositas y aquí no va a pasar nada, y si pasa, pagará el tonto, como pagó Tejero… ¿o le pagaron? Pregunten a Évole que yo no lo tengo claro.

Y hablando de tontos (no por Évole) y parafraseando de nuevo a Star Wars: "¿Quién es más tonto? ¿El tonto? ¿O el tonto que sigue al tonto?"